La radio. La escuchaste, la escuchas y la escucharás.

13 febrero 2026 Estilos de Vida Sostenibilidad Tradiciones

Hay inventos que cambian el mundo y luego está la radio, que lo acompaña. Sin pedir atención exclusiva, sin pantallas, sin postureo. La radio está ahí desde hace más de un siglo, atravesando guerras, revoluciones, crisis, madrugadas solitarias y millones de desayunos con prisas. Y cada 13 de febrero, el Día Mundial de la Radio nos recuerda algo muy simple y muy poderoso: este medio sigue más vivo que nunca.

La radio nació como una revolución tecnológica y acabó convirtiéndose en una revolución emocional. Fue el primer medio capaz de hablarle a millones de personas al mismo tiempo, creando una experiencia compartida invisible pero íntima. Una voz que llega sin que nadie la vea, que se cuela en la cocina, en el coche, en el trabajo, en el campo o en una habitación a oscuras a las tres de la mañana.

Informar, entretener y acompañar: ese ha sido siempre su superpoder. Cuando no había televisión, la radio contaba historias. Cuando no había redes sociales, la radio conectaba comunidades. Y cuando todo falla —apagones, catástrofes, crisis— la radio sigue funcionando. Literalmente. Un transistor con pilas puede ser la diferencia entre el silencio y la información. Recordemos el último apagón que sufrió España; la única forma que tuvo la gente de estar conectada a la actualidad de lo que estaba pasando, fueron los transistores o radios en los coches. ¡Bendito invento!

Pero no pensemos en la radio como algo del pasado. Nada más lejos. La radio ha sabido reinventarse una y otra vez. Se adaptó al FM, al coche, a Internet, al streaming y al universo del podcast sin perder su esencia: la palabra, la música y la magia de la imaginación. Porque la radio no te lo da todo hecho; te invita a completar la historia en tu cabeza. Y eso, en un mundo saturado de imágenes, es casi un acto de rebeldía.

Además, la radio tiene algo que pocos medios conservan: credibilidad y cercanía. La relación entre quien habla y quien escucha es directa, casi personal. Hay locutores que nos acompañan durante años sin conocernos, pero que forman parte de nuestra rutina, de nuestros recuerdos y de nuestra banda sonora vital. Voces que asociamos a una etapa, a un lugar, a una emoción concreta.

Desde grandes cadenas hasta radios comunitarias y locales, la radio sigue siendo una herramienta clave para la diversidad cultural, la libertad de expresión y el acceso a la información. Da voz a quienes no siempre la tienen, conecta territorios, idiomas y generaciones. En muchos lugares del mundo, sigue siendo el único medio accesible, el más barato y el más democrático.

Y luego está el lado divertido. La radio es improvisación, errores en directo, risas que se escapan, canciones que llegan justo cuando las necesitas, concursos imposibles, debates encendidos y silencios que dicen más que mil palabras. Es actualidad y es compañía. Es rigor y es humor. Es un medio serio que no se toma demasiado en serio a sí mismo.

En la era del “mírame”, la radio sigue diciendo “escúchame”. Y eso la hace especial. No exige atención visual, no interrumpe: acompaña. Te deja hacer la vida mientras está ahí, como una buena amiga que no necesita protagonismo para importar.

Celebrar el Día Mundial de la Radio es celebrar un medio resiliente, humano y profundamente emocional. Uno que no entiende de modas, pero sí de personas. Que no grita, pero llega lejos. Que no se ve, pero se siente.

Así que hoy, sube un poco el volumen. Escucha una voz nueva o vuelve a la de siempre. Sean informativos o programas de ‘radio-fórmula’, date un capricho, disfrútalo, mímate. Porque mientras haya alguien con algo que contar y otra persona dispuesta a escuchar, la radio nunca, nunca se apagará.