Hay personas que viven intentando encajar. Y luego están las que hablan durante horas de dragones, videojuegos, cómics, ciencia ficción, anime o teorías imposibles como si fueran asuntos de máxima importancia. Las que sienten emoción real al escuchar una banda sonora épica, las que coleccionan figuras, repiten su saga favorita una y otra vez o defienden un personaje ficticio con más pasión que muchos defienden sus propias ideas. Y sí: bendita gente friki.
El Día del Orgullo Friki -hoy, lunes 25 de Mayo- no es solo una fecha divertida para fans de Star Wars, Game of Thrones o The Lord of the Rings. Es una forma de reivindicar algo mucho más importante: el derecho a disfrutar de lo que amas sin esconderte, sin pedir permiso y sin sentir vergüenza por ello.
Durante años, la palabra “friki” se utilizó para señalar a quienes eran diferentes, a quienes se apasionaban “demasiado” por algo o simplemente no seguían lo que se suponía que era normal. Pero con el tiempo quedó claro que lo verdaderamente aburrido es vivir intentando parecerse a los demás.
Porque ser friki no significa ser raro. Significa tener pasión. Tener algo que te emociona de verdad, algo que te hace perder la noción del tiempo, algo que te conecta con otras personas y te hace sentir completamente tú. Y en un mundo lleno de gente intentando aparentar indiferencia, entusiasmarse por algo es casi un acto de valentía. ¿Eso nos hace ser frikis en MarSenses por ser diferentes, hacer las cosas de otra forma? Puede ser. Pero sí, somos distintos. Nos gusta serlo.
Hay quien se ríe de los gustos ajenos porque nunca ha sentido una pasión tan intensa. Porque nunca ha experimentado esa felicidad absurda que da hablar durante horas de algo que te encanta. Y sinceramente, qué pena vivir así.
Por eso el orgullo friki va mucho más allá de disfraces, convenciones o maratones de películas. Va de dejar de esconder lo que te gusta. Va de no bajar el volumen de tu personalidad para encajar. Va de entender que las personas más interesantes rara vez son las que intentan ser iguales al resto.
Así que si te emocionas con historias ficticias, si haces referencias que poca gente entiende, si tu habitación parece un pequeño santuario geek o si puedes hablar de tu tema favorito hasta las tres de la mañana, no lo escondas. Disfrútalo más. Porque al final, lo realmente triste no es ser diferente.
Lo triste sería pasar la vida fingiendo que nada te apasiona.