Mentes que sienten y piensan diferente. Así es el síndrome de Asperger

18 febrero 2026 Estilos de Vida GenSenses

Hay realidades que durante mucho tiempo pasaron desapercibidas, no porque fueran poco importantes, sino porque simplemente no sabíamos mirarlas con la atención que merecían. El síndrome de Asperger es una de ellas: una forma distinta de percibir, procesar y habitar el mundo que hoy entendemos mejor, pero sobre la que aún queda mucho por aprender. Por eso, hoy día 18 de febrero celebramos el Día Internacional del Síndrome de Asperger. ¡Te invitamos a conocer más sobre él!

El término se popularizó a partir de los estudios del pediatra austríaco Hans Asperger, quien en 1944 describió a niños con habilidades cognitivas y lingüísticas dentro de la media o superiores, pero con dificultades significativas en la interacción social y patrones de interés muy específicos.

Décadas después, el diagnóstico se incorporó a los manuales clínicos y, en 2013, con la publicación del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fifth Edition (DSM-5), pasó a integrarse dentro del Trastorno del Espectro Autista (TEA). Desde entonces, ya no se considera una categoría independiente, sino parte de un espectro más amplio.

Hablar de Asperger no es hablar de una enfermedad. Es una condición del neurodesarrollo. Esto significa que el cerebro procesa la información social, sensorial y comunicativa de una manera diferente. Las personas con este perfil suelen expresarse con un lenguaje preciso, a veces muy formal, y pueden interpretar el mundo de forma más literal. Las ironías, los dobles sentidos o las normas sociales implícitas no siempre resultan evidentes. No es falta de interés ni de empatía; es una manera distinta de descifrar lo que ocurre alrededor.

En la vida cotidiana pueden aparecer desafíos. Los cambios inesperados, los entornos ruidosos o las situaciones sociales muy prolongadas pueden generar un alto nivel de estrés o agotamiento. También es frecuente la presencia de intereses intensos y profundos en áreas concretas. Lejos de ser algo negativo, estos intereses pueden convertirse en grandes fortalezas cuando se canalizan en entornos que los valoran.

Porque junto a las dificultades existen cualidades admirables. Muchas personas con Asperger destacan por su honestidad, coherencia, atención minuciosa al detalle y capacidad de concentración. Suelen ser directas, leales y profundamente comprometidas con aquello que consideran importante. Su pensamiento lógico y analítico aporta perspectivas valiosas en ámbitos académicos, creativos y profesionales.

El diagnóstico puede llegar en la infancia, pero también en la adolescencia o en la adultez. En muchos casos, especialmente en mujeres, las dificultades pasan desapercibidas durante años debido a estrategias de adaptación social aprendidas con el tiempo. Recibir un diagnóstico en etapas más tardías suele traer alivio: permite reinterpretar experiencias pasadas desde la comprensión y no desde la culpa.

A nivel social, todavía persisten estereotipos que simplifican o distorsionan la realidad. Por eso es tan importante hablar del tema desde el respeto y la información. Comprender el síndrome de Asperger implica reconocer que la diversidad neurológica forma parte de la condición humana. No todas las mentes funcionan igual, y eso no es un error: es variedad.

Crear entornos más inclusivos no siempre requiere grandes cambios. A veces basta con comunicarse de forma clara, anticipar modificaciones en la rutina o mostrar sensibilidad ante la sobrecarga sensorial. Pequeños gestos pueden marcar una diferencia enorme.

Conocer mejor el síndrome de Asperger nos invita a ampliar la mirada. A dejar espacio para distintas formas de pensar, sentir y relacionarse. Y, sobre todo, a recordar que comprender es siempre el primer paso hacia una convivencia más empática y consciente.