Día de la Felicidad o Día de la Croqueta. ¡Es lo mismo!

16 enero 2026 Gastronomía Estilos de Vida Tradiciones

Hay alimentos que no necesitan presentación, y luego está la croqueta: pequeña en tamaño, enorme en felicidad. Cada 16 de enero celebramos el Día Internacional de la Croqueta, un homenaje más que merecido a uno de los grandes manjares del mundo. Porque sí, puede que existan platos sofisticados y recetas de alta cocina, pero pocas cosas despiertan tanta unanimidad, emoción y recuerdos como una buena croqueta bien hecha.

La croqueta es mucho más que comida: es tradición, ingenio y aprovechamiento, tres pilares fundamentales de la cocina. Nació como una forma inteligente de reutilizar sobras, pero con el tiempo se convirtió en una auténtica joya gastronómica. Hoy no es el “plan B” de la cocina, sino la protagonista indiscutible de bares, restaurantes, celebraciones familiares y cartas gourmet.

En España, la croqueta ocupa un lugar casi sagrado. Forma parte de nuestra identidad culinaria y de nuestra vida social. ¿Quién no ha quedado para “tomar algo” y ha acabado pidiendo una ración de croquetas? Están presentes en los bares de barrio, en las cocinas de las abuelas, en los concursos gastronómicos y en las mesas más modernas. Y lo mejor: cada casa defiende que las suyas son las mejores del mundo (y probablemente tengan razón).

El encanto de la croqueta está en su contraste perfecto: exterior crujiente, interior cremoso. Ese momento en el que la muerdes y el relleno se funde es casi universalmente feliz. Pero, además, es un plato que admite infinitas versiones y sabores, lo que la hace aún más irresistible.

Las clásicas nunca fallan: jamón, pollo, cocido, bacalao, queso. Pero la creatividad no tiene límites: croquetas de setas, de rabo de toro, de gambas al ajillo, de espinacas con piñones, de sobrasada, de queso azul, de boletus con trufa… incluso versiones dulces como las de chocolate o arroz con leche. Hay una croqueta para cada gusto, cada momento y cada persona.

¡No hay excusa para no comerlas!

Y si algo ha demostrado la croqueta con el paso del tiempo es su capacidad de adaptarse. Hoy en día existen versiones para casi todo el mundo: croquetas sin gluten para celíacos, elaboradas con harinas alternativas o espesantes naturales; opciones vegetarianas y veganas con leches vegetales, verduras y legumbres; croquetas más ligeras, al horno, o con ingredientes ecológicos y de proximidad. Porque disfrutar de una croqueta ya no es cuestión de límites, sino de elección.

Quizá por eso casi todo el mundo las ama. La croqueta no entiende de edades, culturas ni modas. Une generaciones, crea conversación y despierta sonrisas. Es ese plato que apetece siempre, que se comparte, que se recuerda. Un bocado que sabe a casa, a bar de confianza, a domingo en familia o a tarde con amigos.

Así que este 16 de enero, celebremos como se merece al pequeño gran icono de nuestra gastronomía. Brindemos por su versatilidad, por su sabor y por su poder casi mágico de hacernos felices con algo tan sencillo. Porque si hay un manjar democrático, querido y profundamente español (aunque su origen no es tan 100% francés) , ese es, sin duda, la croqueta. Y si nos lo permites, en plural. ¡CROQUETAS! ¡Y muchas!

PD: Ah, y si las acompañas con un plato de patatas fritas y pan… ¡La fantasía completa! (Al menos para este amante de las croquetas que escribe este artículo). Ahora me ha entrado hambre y NECESITO unas croquetas. 😊