Hoy, como cada 24 de enero, sentimos la necesidad de detenernos y reflexionar sobre algo esencial: el papel que juega la educación en nuestras vidas y en la sociedad que construimos día a día. El Día Internacional de la Educación no es solo una fecha señalada en el calendario, sino una oportunidad para recordar que el aprendizaje es uno de los motores más poderosos del cambio social y del desarrollo humano.
Desde nuestra mirada, hablar de educación es hablar de oportunidades, de igualdad y de futuro. La educación nos permite comprender el mundo que nos rodea, cuestionarlo y transformarlo. No se limita a las aulas ni a los libros, sino que se extiende a los valores que adquirimos, a la forma en que nos relacionamos con las personas y al modo en que participamos en nuestras comunidades. Gracias a la educación aprendemos a convivir, a respetar la diversidad y a construir entornos más justos y sostenibles.
Este día se celebra porque la educación es un derecho humano fundamental y un bien común que debe estar garantizado para todas las personas. Sin embargo, la realidad nos recuerda que todavía millones de personas en el mundo no tienen acceso a una educación de calidad. Factores como la pobreza, la desigualdad, los conflictos o la falta de recursos siguen dejando a muchas personas fuera del sistema educativo. Recordarlo en esta jornada es una forma de no mirar hacia otro lado y de asumir una responsabilidad colectiva.
Creemos que no basta con garantizar el acceso a la educación; es imprescindible reflexionar también sobre su calidad y su propósito. Vivimos en un contexto marcado por grandes retos sociales, tecnológicos y medioambientales que exigen una educación capaz de formar personas críticas, comprometidas y conscientes de su impacto en el mundo. Apostar por una educación inclusiva, equitativa y transformadora es apostar por sociedades más preparadas para afrontar el presente y el futuro.
Desde MarSenses entendemos la educación como una herramienta clave para reducir desigualdades y generar oportunidades reales. Cuando todas las personas pueden aprender en igualdad de condiciones, se rompen barreras históricas y se sientan las bases de una convivencia más solidaria. La educación empodera, da voz y permite que cada persona desarrolle su potencial con dignidad y libertad.
Seguir celebrando este día es necesario porque el aprendizaje es un proceso continuo y porque los derechos deben cuidarse para no retroceder. Esta fecha nos invita a valorar el papel de quienes educan, a exigir compromisos firmes y a recordar que invertir en educación es invertir en bienestar social y en progreso colectivo.
Así las cosas, reafirmamos una convicción que forma parte de nuestra manera de entender el mundo: apoyar la educación es apostar por un futuro con más oportunidades, más conciencia y más humanidad para todas las personas. Y ese compromiso, para nosotros, va mucho más allá de un solo día al año.