¡Ahora sí!
El final de año no es solo una fecha en el calendario: es una invitación a parar, respirar y mirar atrás. Antes de escribir la lista de propósitos para el nuevo año, hay algo fundamental que muchas veces olvidamos hacer: revisar el camino recorrido. Porque 2025, con sus luces y sombras, también ha sido parte de lo que hoy somos.
Hacer balance no significa juzgarnos con dureza, sino observar con honestidad. ¿Qué cosas salieron mejor de lo esperado? ¿Qué retos nos pusieron a prueba? ¿Qué versiones de nosotros mismos tuvimos que sacar para seguir adelante? Cada experiencia, incluso las difíciles, trae consigo un aprendizaje que merece ser reconocido.
Un buen ejercicio para cerrar el año es dividirlo en áreas: trabajo, relaciones, bienestar personal, crecimiento emocional y ocio. Pregúntate qué ha cambiado en cada una. Tal vez no alcanzaste todos los objetivos que te propusiste en enero, pero quizá desarrollaste habilidades, ganaste claridad o aprendiste a poner límites. Eso también es progreso.
Es importante soltar la idea de que un año solo vale si se cumplieron metas concretas. A veces, el mayor logro es haber resistido, haber cuidado de uno mismo o haber sabido decir “hasta aquí”. Reconocer esto nos permite empezar el nuevo año desde un lugar de respeto y no de exigencia extrema.
Una vez hecho este balance, los propósitos de Año Nuevo toman otro sentido. Dejan de ser una lista interminable de “tengo que” para convertirse en intenciones conscientes. En lugar de prometer cambios radicales, podemos plantearnos hábitos pequeños pero sostenibles: cuidarnos mejor, escuchar más nuestro cuerpo, priorizar lo que nos hace bien o atrevernos a dar ese paso que llevamos tiempo posponiendo.
También es un buen momento para preguntarnos qué queremos atraer en 2026: más calma, estabilidad, alegría, abundancia, amor o confianza. Los propósitos no solo hablan de acciones, sino de energía. ¿Desde qué emoción queremos vivir el próximo año?
Cerrar 2025 con gratitud, incluso por lo que no salió como esperábamos, nos libera de cargas innecesarias. Y empezar 2026 con propósitos alineados con nuestra realidad y nuestros valores nos acerca mucho más a cumplirlos.
Porque no se trata de empezar de cero, sino de empezar con conciencia.